Pueblo mágico e impunidad campante
Raúl NATHÁN PÉREZ
1).- ¿Gobierno débil o soterrada impunidad?
Oaxaca es un estado excepcional. Su capital lo es más a los ojos de propios y extraños. Es para algunos una de las ciudades más bellas del mundo, como dice Guadalupe Loaeza; para otros, es bella como ninguna. Algo vieron en Oaxaca Aldoux Huxley, Malcolm Lowry o D. H. Lawrence, que vivieron aquí. Elliot Weinberger sostuvo que Friedrich Nietzsche se propuso venir a Oaxaca a recuperar la salud, cuando había perdido prácticamente la razón. Remember: “la locura es un estado de salud”. Nuestra capital tiene un gran imán. No sólo venían de incógnitos Carlos Fuentes o Carlos Monsiváis, o vienen José Emilio Pacheco, Sergio Pitol y muchos más. De músicos, pintores, cineastas y demás, ni se diga. Oaxaca es, aunque algunos no lo acepten, la capital cultural de México. Una especie de Florencia en la Edad Media. Pero además, tenemos una gran riqueza cultural, histórica, arquitectónica, étnica, 600 kilómetros de litoral, una gran biodiversidad, etc., etc. ¿Por qué pues, estamos tan jodidos? Simple: por su gente. El gran contraste respecto a otras entidades del país es que aquí, en lugar de fortalecer la grandeza de la tierra que nos vio nacer, se hace todo para desmadrarla. En plena temporada vacacional, de miles de visitantes del país y el extranjero atiborrando plazas y zócalo y de los festejos de nuestra tradicional “Guelaguetza”, los maestros/alumnos -¡faltaba más!- de la ENSFO, han hecho de las suyas. Los taxistas de Teódulo Antonio Vásquez sitiaron la ciudad, ante el repudio social y un gobierno estatal que de nueva cuenta se doblegó, como jamelgo cansado, con el viejo y desgastado discurso del diálogo, de la conciliación, de las inútiles mesas de negociación. Aquí el exceso de tolerancia -¿o el miedo a gobernar?- ha alcanzado formas de una exquisitez patológica, mefistofélica. La ciudad fue esta semana –parafraseando a F. Savater- “un festín de orates, desafío a la ley e impunidad”.
2).- ¿Oaxaca mágico o capital infernal?
Antes de la hijoputez de los aludidos, la capital vivió con intensidad las fiestas de julio. Atentar con dolo y premeditación en contra de una de las únicas industrias de la entidad, el turismo, es una afrenta al pueblo oaxaqueño; un agravio brutal, que vulneró no sólo el tejido social sino nuestra más profunda identidad. Socavar la gobernabilidad para mantener canonjías y prebendas es, asimismo, una bofetada a una sociedad harta de dirigentes corruptos; ladrones encubiertos y falsos redentores sociales, turbulentos e insatisfechos. Los oaxaqueños exigimos la aplicación estricta y llana de la ley, sin medianías, sin mediocridad ni indulgencias, ante esta nueva forma de impunidad. Hay que revocar concesiones; revisar monopolios; exterminar con esa peste de taxis foráneos, que nos hacen ver como un pueblo sin ley. Oaxaca tiene un transporte arcaico, contaminante, mortal. Aquí las concesiones, que proliferaron como chinches en sexenios pasados, son formas rupestres de beneficiar a unos cuantos; botín de organizaciones y partidos. Es necesario desaparecer las moto-taxis, usuales sólo en pueblos anclados en la prehistoria. Los oaxaqueños –hay que reconocerlo- somos víctimas inermes de una guerra sórdida y bestial, frente a la impunidad de grupos que se han subido al carro del negativismo sinsentido, contando con la complicidad de regímenes en donde la demagogia populista, ha sentado sus reales.
3).- La decepción popular
Frente a la excesiva tolerancia que el gobierno tiene con grupos y organizaciones, el pueblo oaxaqueño oscila entre el desencanto y la incredulidad. El gobierno es más eficaz para enternecer que para provocar asombro, como dijera J. L. Borges. Hay que ver sólo la postura agachona ante el Cártel-22 o ante las organizaciones “aliadas” –parásitos de la limosna pública- a las que se le autorizaron más de 300 millones de pesos, para darse cuenta que para los amigos sigue vigente la justicia y la gracia. Si un delincuente como David Venegas, alias “El Alebrije”, desafía a la policía o un hampón, como el líder de la UTEO, pone a la ciudad de rodillas, y no pasa nada, pues que cada quien haga lo que le venga en gana. ¿O qué, a unos sí y a otros no? Todo se resuelve con las inútiles y deplorables mesas de negociación, no en el ejercicio simple y llano de la ley. Si los dirigentes que usufructúan concesiones públicas ponen al gobierno contra la pared, que se las retiren. Así de simple. Sesos y huevos es lo que hace falta. En su célebre discurso pronunciado en Bristol, en 1774, Edmund Burke, pionero del pensamiento liberal europeo, apuntó que para asumir la responsabilidad del poder público, el gobernante debe desligar su acción del interés de partido; es decir, actuar con independencia, despojado de filias y fobias partidistas. Ver la gobernabilidad con visión de Estado. No hace falta ser censor, inquisidor o penalista para dilucidar el grado de perversión de estos sujetos, que han hecho del chantaje un estilo de vida. Se trata, desde cualquier punto de vista, de obstaculizar el ejercicio del poder público; es decir, convertir a las instituciones en botín de ambiciones en donde el interés público se subordina al interés personal. La política en su forma arcaica de juego nulo, en donde todas son pérdidas.
BREVES DE LA GRILLA LOCAL:
--- Han sido tales los abusos y atropellos de los alumnos de la ENSFO y la UTEO, en los últimos días, que hasta el padre Romualdo Francisco Wilfrido Mayrén Peláez, alias “padre Uvi”, muy dado a apadrinar movimientos, medidas cautelares, derechos humanos y chantajistas que están detrás, consideró esta práctica como un crimen social. Hay que aclarar, sin embargo, que no es la pobreza ni la falta de oportunidades el motor del chantaje, sino el temor cerval a usar la fuerza y mantener, a trancas y barrancas, el Estado de Derecho.
--- ¡Vaya!, después del niño ahogado, ahora todos se rasgan las vestiduras para echarle la culpa al de junto. Lo peor de los gobiernos que son emanados de coaliciones de partidos, es que tienen en sus gabinetes de dulce, de chile y de manteca. Y cada quien lleva su música aparte.






