PRI: Avasallado y ninguneado
Raúl NATHÁN PÉREZ
1).- Vergonzosa derrota
El PRI oaxaqueño fue materialmente barrido en el pasado proceso. Humillado, pisoteado, ninguneado. Fue una derrota histórica, inédita, vergonzosa. Incomparable a la que tuvo en 2006 y aún a la de 2010. El otrora partido triunfador ha devenido por obra y gracia de sus nuevos patronos –José Murat y Ulises Ruiz- un organismo pulverizado, hecho añicos, con una estructura necrosada y corrompida. Una entelequia secuestrada por una gavilla de cuatreros. Una simple arena pueblerina, en donde dos fajadores se trenzaron en lucha. El PRI dejó de ser un partido triunfador, la fuerza tricolor, para convertirse en rehén de la perversidad de uno y el cinismo del otro. La militancia –que sí la hay y con la camiseta bien puesta- quedó entrampada entre el futurismo y la venganza; la diatriba y la división. La debacle, pues, tiene responsables. Son dos –y proporcionalmente sus antecesores-, amén de los candidatos –leales a uno u otro- que perdieron –salvo excepciones- por desidiosos, arrogantes, sectarios y facciosos. ¿Qué triunfo presidencial cacarean, si ni siquiera le arrimaron votos a Enrique Peña Nieto? ¿Aspiran a ser delegados de dependencias federales, pero con qué méritos? Al contrario, el bastión oaxaqueño fue el que más le aportó al candidato de las izquierdas, AMLO. ¿Y dónde estuvieron los 600 mil votos de los que Eviel Pérez Magaña se enorgullecía haber obtenido en la elección de 2010, que no obtuvo ni la mitad? Simple. La fuerza se evaporó ante la falta de liderazgo, de las intrigas, los denuestos y las descalificaciones. El tricolor oaxaqueño debe refundarse o seguir como está: simple comparsa de quienes desde hoy, ya perfilan “el futuro del 2016”, preparando a sus delfines o haciéndose puñetas mentales.
2).- Una visión de la derrota
El PRI oaxaqueño pues, se repartió entre los ex gobernadores, con una visión patrimonialista; coto de poder; legado personal… y familiar: hijos, cuñadas, primas, etc. Impusieron a sus candidatos en sentido inverso a su ascendiente sobre las bases. A éstas las ignoraron. Simplemente se las dejaron caer. Hubo enojo e indignación, cuestión que a los nuevos patronos del tricolor les valió gorro. Algo más: los candidatos sentían que apagaban el fuego con flatulencias. La arrogancia de antaño. El triunfalismo anticipado. Obvio: no hicieron campaña; no gastaron; se colgaron de los eventos de Enrique Peña Nieto y hasta los utilitarios de éste repartían. Pensaron –ingenuamente- que habría efecto EPN y que éste los catapultaría por ósmosis a la curul. Pero fue al revés. ¿Cómo podía enfrentar el efecto arrollador del “Peje”, un partido dividido, enconado, confrontado, manipulado por los que ya bailaron, plagado de traidores, inconformes, tránsfugas, acomodaticios y oportunistas? Obvio: fue presa fácil. ¿Eran la mejor opción el reciclaje de Eviel Pérez Magaña, Sofía Castro y Adolfo Toledo, entre otros, que enchufados en sus curules no la soltaron en su fracasada encomienda de candidatos? Visionarios, sin duda, vieron que la lumbre les podía llegar a los aparejos. No dejaron la ubre. Gracias a ello, unos se fueron con Benjamín Robles Montoya; otros con Diódoro Carrasco, que jugó con el PAN; otros se quedaron maquinando la venganza y los más, bailando en dos pistas: con Dios y con el Diablo. Si en el 2006 hubo factores externos que propiciaron la derrota tricolor, la reciente tuvo como causa, además del efecto AMLO, sólo una: la triste realidad de un partido secuestrado y alienado por el mismo clan; dividido y maniatado por los ex gobernadores, incluyendo el segmento que le corresponde a Diódoro y a Heladio Ramírez.
3).- Una nueva correlación de fuerzas
El escenario político estatal cambia radicalmente. Si el PRI se mantiene como hoy, seguirá perdiendo la poca fuerza que le queda, que es, más bien, simbólica. De no dar el manotazo Enrique Peña Nieto y Pedro Joaquín Coldwell, para evitar que los ex gobernadores sigan metiendo la mano, no habrá futuro. Estará como hoy, en una espiral descendente; arrastrando el derrotismo. Es urgente una recomposición de la estructura, de los sectores, de la dirigencia. Es imperativo tirar el lastre. Arrojar por la borda lo que le ha llevado por los caminos sinuosos de la debacle. Hoy, desafortunadamente en Oaxaca, es un partido perdedor. De no amarrarle las manos a los ex gobernadores se anticipa un nuevo capítulo de fractura, de incertidumbre, de indignación en las bases. El año próximo habrá elección de diputados locales y presidentes municipales. Y esto mucho tuvo que ver con la reciente derrota: nadie estaba dispuesto a que los mismos volvieran a imponer a sus incondicionales. Es necesario cortar de tajo con los anhelos sucesorios de quienes han secuestrado al tricolor oaxaqueño, cuyos sueños guajiros están en el 2016. De no hacerse una labor de asepsia para limpiar las atarjeas putrefactas de la intriga, la tenebra y las maquinaciones perversas de quienes mantienen hoy sus cotos de poder, nadie le apostará un peso y al tricolor le quedará sólo la fama de triunfador, o como dicen en mi tierra –mi ya trillada frase- lo que a la buena mula: nomás el pedo y el relincho.
BREVES DE LA GRILLA LOCAL:
--- La Joya de la Corona es ahora el CDE del PRI. Los jalones, tirones, diatribas y denuestos están en vísperas. Es decir, a tratar de tapar el pozo después del niño ahogado o a seguir en esta cena de negros que es el tricolor. Anoten a quienes se apuntan para dirigir la entelequia tricolor: Jorge González Ilescas, Héctor Pablo Ramírez, Heliodoro Díaz Escárraga, Martín Mathus y algunos juniorciques.
--- A David Venegas, alias “El Alebrije”, Florentino López, Pedro García y secuaces, sólo les faltaba una bandera más a las que han explotado: VOCAL y FPR. Ahora la tienen: el movimiento #yosoy132. Ante los desmanes recientes, ahora sí les abrieron una averiguación. Esperamos que los redentores de derechos humanos, no salgan luego con el ardid de represión o atentados a la libre expresión. Lo que ellos han propiciado es vandalismo puro y simple.






