Domingo, 19 de Mayo de 2013

México: democracia subdesarrollada

Mario DE VALDIVIA

México es un país que se autoconsidera “demócrata” a partir del año 2000, cuando triunfó Vicente Fox en las elecciones presidenciales y “sacaba al PRI de Los Pinos”, luego de varias décadas de este partido en el poder. Se daba la trillada “alternancia” y el PAN (partido con registro más antiguo que el PRI) ascendía a la presidencia de la república. Hubo consenso en la limpieza de las elecciones y no hubo objeciones importantes; quedaban en el campo de la derrota Francisco Labastida Ochoa del PRI y Cuauhtémoc Cárdenas del PRD.

Un sexenio después, en 2006, un pendenciero y resentido López Obrador intentó provocar una crisis política al desconocer el cerrado triunfo de Felipe Calderón, y llamar a éste “presidente espurio” a cambio de proclamarse “presidente legítimo”, en una bufonada que pasa al registro de anécdotas como la serenísima alteza de otro López: Antonio López de Santa Anna. Bien revisada la historia del siglo XIX, López Obrador se identifica más con “Su Alteza” que con Juárez, como tanto pretende en ese ideal de egocentrismo y narcisismo que lo caracterizan.

Hace dos meses, en Francia, el candidato socialista Francois Hollande vencía a Nikolas Sarkozy por sólo un millón de votos de diferencia…y el presidente francés sencillamente reconoció el triunfo el mismo día de la elección y se fue a su casa quince días después.

En noviembre de 2011, un aguerrido José Luis Rodríguez Zapatero, el socialista presidente de España, perdía en las elecciones frente a Mariano Rajoy, derechista, sin que en la otrora conflictiva política española hubiera el mínimo resquicio de duda. Zapatero se fue reconociendo honrosamente su derrota sólo un mes después de las elecciones.

En 2000, Al Gore, Vicepresidente de los Estados Unidos y candidato demócrata a la presidencia en Estados Unidos, aventajaba  por pocos votos a George Bush, pero dado el sistema electoral americano, el republicano ganaba por los votos electorales de Florida. Gore no objetó el triunfo de su rival y se retiró a sus notables actividades ambientalistas.

Ni Al Gore, ni Rodríguez Zapatero, ni Sarkozy se valieron de su arrastre y simpatías para reconocer honrosamente sus derrotas. Eso los ha colocado en una estatura moral y cívica que no conocemos en México; al menos Andrés López Obrador, el aspirante a monarca mesiánico desconoce, dada su bajeza intelectual y su pequeña altura cívica.

López Obrador, al igual que en 2006, desconoce el resultado de las elecciones y atribuye el número de votos en contra a fraude, compra de votos, corrupción en los órganos electorales, “millones a raudales”, inequidad, intervención de las televisoras, entre muchas otras acusaciones temerarias, sin fundamento y cuajadas en el odio y rencor que anidan en su corazón y en su mente. Obrador es incapaz de un acto generoso y en cada uno de sus mensajes subyace la falsedad y la mentira.

Quienes lo siguen ciegamente viven en una atroz confusión ideológica y política, con el grave caso de que una juventud universitaria se ha adherido absurdamente a la “república amorosa”, la gran falacia que inventó el tabasqueño para atraer la ingenuidad de millones que desconocen lo que ocurrió en 1968, cuando de veras hubo persecución, muerte y destierro. Los que fuimos militantes del ’68, sabemos lo que era enfrentar el terror de Estado, los del “132” son mochileros que vociferan con entera libertad y se han tornado en un grupúsculo agresivo y belicoso, sin nada de civismo en sus propuestas. Seguimos sin cultura democrática, seguimos en el subdesarrollo electoral.

Otro rollo

Un viejo cuento helénico narra que un maestro de lucha grecorromana no quiso enseñar a su alumno la última de 300 “llaves” para vencer. El discípulo retó al maestro y aplicó 299 llaves tratando de humillar a su maestro. Éste aplicó la 300 y aplacó al joven traidor. Diódoro Carrasco enseñó a su alumno las 300 claves del triunfo...ya vimos el resultado. Saludos

E-mail. mdevaldivia@yahoo.com

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