¿El retorno del dinosaurio?
Raúl NATHÁN PÉREZ
1).- El dinosaurio redivivo
En julio de 2000, la cacareada transición democrática –que también dio inicio a una docena trágica encabezada por el PAN- sacó a empellones de Los Pinos al tyrannosaurus rex, un espécimen de la prehistoria caciquil y revolucionaria, con una vida cíclica y sexenal; creador de un sistema dictatorial y vertical, de disciplina, lealtad y castigo, que alguna vez fue considerado por Mario Vargas llosa, como “la dictadura perfecta”. En todo ello cifraba el dino su supervivencia y vitalidad. –- “¿Qué hora es?” -- “La que usted guste, señor presidente”. Un mercado de obediencia y buena voluntad. “Una monarquía absoluta, sexenal y hereditaria por vía transversal” –decía don Daniel Cosío Villegas-. Aquel que Octavio Paz llamó en 1979, el “ogro filantrópico”, en referencia a un aparato estatal omnipresente y omnímodo, derivado del Estado benefactor –el welfare state-. Pero hace doce años, el espécimen jurásico fue doblegado por la apabullante realidad de las urnas. Quedó anonadado, desorientado, “como una gallina sin cabeza en un cerco de nopales” –como escribiera el desaparecido Carlos Fuentes-, aunque sus vástagos siguieron vivos en el interior del país. Y fueran más, de no haber perdido Oaxaca, Puebla y Sinaloa, con las coaliciones de partidos que, siendo gobierno, han sido una triste ficción. Luego de campañas sofocantes, encuestas, sondeos, debates, vaticinios, rumores, diatribas, denuestos y pactos por la civilidad, hoy podría hacerse realidad el cuento más breve de Augusto Monterroso: “y cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba ahí”. El virtual triunfo de Enrique Peña Nieto en las elecciones de hoy, estaría allanando el camino para el retorno de aquel bípedo carnívoro.
2).- EPN/AMLO: Disputa cerrada
Desde el inicio de las campañas –excepto la de Andrés Manuel López Obrador, que la inició en julio de 2006- el ex gobernador mexiquense se ha mantenido arriba de las preferencias ciudadanas, pese a la crítica atroz que se ha volcado sobre el partido que abandera –el PRI-, al que se ha satanizado como un sujeto –dice alguien- “históricamente irredimible y ontológicamente antidemocrático”. Su discurso ha contrastado con un candidato de las izquierdas –arropado por cuadros que sorbieron la savia nutricia y corrupta del tricolor- que ha recorrido el país de cabo a rabo; que ha visitado los más de 2 mil municipios de México –incluyendo los 570 de Oaxaca-, pero cuyo discurso subyace anclado en el populismo más acartonado; con la enjundia del que descalifica todo; aquel que presenta el combate a la corrupción no como la panacea a los males del país, sino como un auto de fe; que ofrece bienestar para todos, al devenir México no el país violento del calderonismo, sino la Utopía de Sir Thomas More, transformada por los epígonos del moderno Mesías, en una república amorosa. “La política de López Obrador es una política de certezas selladas al vacío: la política de la fe…. La epistemología del sectario funciona de esa manera. Sólo existe lo que ratifica su prejuicio”, dice J. Silva-Herzog Márquez. (“Hermética autenticidad”, Reforma, 11 de junio, 2012, p. 14).
Los fundamentalistas sólo creen en la democracia cuando ésta responde a sus expectativas de triunfo. La derrota es sinónimo de fraude. Incluso, aquella vieja consigna de “la vía armada es una posibilidad para la transformación del país” o el lema de sus seguidores de #yosoy132: “si hay imposición habrá revolución”. Hay quienes opinan que el tabasqueño no admitirá la derrota si el voto ciudadano no le favorece, no obstante la firma del acuerdo de civilidad ante el Consejo General del IFE y otros organismos. La intolerancia y la violencia de los grupos que lo apoyan, podrían trastocar el orden legal. Sin embargo, para AMLO, al igual que para Peña Nieto y Josefina Vásquez Mota, candidata del PAN y Gabriel Quadri, del Panal, iacta alea est –la suerte está echada-. Que el abstencionismo y la apatía no empañen este ejercicio democrático, para que sea la ineluctable realidad de las urnas quien dicte la última palabra. Hartos de violencia, a todos –estamos seguros- sólo nos importa que prevalezca la civilidad y la concordia.
3).- El devastado PRI oaxaqueño
El PRI oaxaqueño ha padecido graves derrotas: lo barrieron los partidos opositores en el 2006 y lo aplastaron en 2010. En aquel año perdió senadurías y diputaciones federales; en el último perdió la gubernatura y la mayoría en el Congreso. ¿Ha aprendido algo de la derrota? No. Sigue vigente la soberbia y la megalomanía; los clanes y las cofradías. El tricolor oaxaqueño luce atomizado, desarticulado, sin cuadros. No sólo ha sido rehén de una dupla: José Murat y Ulises Ruiz, sino de la intriga, la descalificación, la disputa interna y la confusión. Es un partido fracturado, pulverizado, con la traición y la tránsfuga a flor de piel. Su debilidad, inherente a su división interna, le ha impedido ser una fuerza real ante el gobierno de la alternancia, que ni en cuenta lo toma. ¿Tendrá la fuerza de los 600 mil votos de los que se enorgullecía Eviel Pérez Magaña, al perder la gubernatura? Lo dudo. Los espacios que el PRI llegara a perder el día de hoy –no lo duden- serán maquinados por muchos priistas resentidos. Empero, de triunfar Peña Nieto –con el voto diferenciado- en los comicios de hoy, la lamentable situación del tricolor oaxaqueño debe ser una prioridad nacional: darle una fuerte sacudida y evitar que los monos cilindreros que le han dado cuerda a las dirigencias anteriores, sigan haciendo labor de zapa.
BREVES DE LA GRILLA LOCAL:
--- Los fundamentalistas del Cártel-22, violentando la ley electoral, ya se disponen a aplicar su cacareado “voto de castigo”, en contra de todo principio democrático. ¡Vaya!, los íconos de la democracia y defensores del pueblo, actuando como lo que son: verdaderos fascistas. Lo bueno es que nadie los pela.
--- “¡Disfruta, porque en julio, Oaxaca es única”!, dice el slogan de la Secretaría de Turismo. Y en efecto, la capital es única, con calles y avenidas que asemejan paisajes lunares; con un sistema de semáforos colapsado; con obras y remiendos por aquí y por allá.






