El Waterloo político se avecina
Mario DE VALDIVIA
Mañana, 18 de junio, se conmemorarán 197 años de la Batalla de Waterloo, tierras belgas donde Napoleón Bonaparte caía para siempre ante el empuje de las fuerzas anglo-prusianas, con la arremetida final de Blücher, el viejo e impetuoso mariscal prusiano que decidió el triunfo atribuido a Wellington, que estuvo a punto de ser derrotado por el Gran Corso. También se cumplen 72 años de la entrada triunfal de tropas nazis a París, el 18 de junio de 1940, luego de 40 días de Blitzkrieg germana apabullante, que derrotaba a tropas franco-inglesas superiores en número y equipamiento, pero carentes de tácticas modernas de guerra.
Son acontecimientos históricos diferentes en tiempo y circunstancias, semejantes en los contendientes (franceses, alemanes e ingleses). Waterloo no tuvo que ver casi nada con México, si bien la invasión napoleónica a España había facilitado la Independencia y la llamada Batalla de Francia preparaba a México para entrar a la Segunda Guerra Mundial en 1942, en una alianza más petrolera que militar con Estados Unidos: nos volvimos sus proveedores cautivos de petróleo y nos convertimos en su reserva estratégica desde entonces.
No se espera acontecimiento militar o político importante mañana 18 de junio. Pero estos días serán de prolegómenos por una contienda política inédita en México cuyo resultado será definido el 1º de julio. Cuatro candidatos se enfrentarán luego de una intensa campaña, costos, enfadosa y teñida por encono, odio, mentiras y ataques a veces sin fundamento.
Pero si hemos visto un campo de guerra cubierto de tinta roja, como emulación de la sangre que corre en los campos de batallas, es probable que veamos, luego del día electoral, otra feroz batalla que librarán los inconformes con las instituciones y la civilidad.
Nos referimos obviamente a la guerra electorera que presencia el pueblo de México, abrumado por la propaganda en radio, televisión, redes sociales, cartelones, entre muchos otros instrumentos que sólo muestran el desperdicio infame que se ha hecho de los recursos públicos de manera tan irracional, debido a una gran imperfección democrática y especialmente a la enorme desconfianza que nos tenemos los mexicanos; que se tiene de los partidos, de los candidatos, de los funcionarios de casillas y por supuesto de los mensajes de los candidatos, plagados de promesas imposibles de cumplir, como cada seis años, sin que haya ente u organismo capaz de reclamar a quienes hacen faraónicas ofertas en campaña.
Aparte de la severidad en las agresiones que han vertido especialmente el PAN y el PRD, lo que hemos escuchado en spots y debates, es el ofrecimiento de todo gratuito para los mexicanos; de que todos los servicios públicos se van a repartir de manera absoluta y de que se abaratarán productos que surte a la población el gobierno. Desde seguros para mujeres, para discapacitados, becas para todos los niveles escolares, libros computadoras, créditos, estipendios para la tercera edad, medicinas gratuitamente, transporte público, refinerías, trenes “bala” (en tramos innecesarios), siete millones de empleos, reducción de impuestos, útiles escolares, educación universitaria para todos… etcétera; un larguísimo etcétera que a todas luces será imposible de cumplir, tal como no se cumplió la meta que ofreció el “presidente del empleo” y que en turismo estamos sufriendo una regresión.
El 1º de julio puede ser un triunfo para un candidato, pero puede ser la chispa que encienda otra vez la inconformidad permanente de quienes hacen de la riña una doctrina y del alboroto un sistema para desestabilizar aún temporalmente la vida rural y citadina.
Ya el candidato de las mal llamadas “izquierdas” profetizo en su mesianismo que “habrá fraude” (aunque lo desdijo su presunto Secretario de Gobernación) y dejó ver que no descarta la vía armada, como si nuestro país estuviera para una guerra civil absurda al desconocer un resultado electoral válido.
En suma, son dos tensas semanas que terminarán por arrojar un cociente producto de la división en que nos encontramos desde hace años. Esperemos un tránsito armónico, pacífico y digno de la civilidad que tanto anhelamos los mexicanos.






