Martes, 21 de Mayo de 2013

Por el debate, al Senado

Mario DE VALDIVIA

Está de moda organizar debates entre candidatos para casi todos los puestos de elección popular. Está de moda en México atribuir los debates y otras prácticas de confrontación, a nuestra “joven democracia”. En México tenemos como referencia de debates entre candidatos presidenciales, aquellos sonados encuentros entre Richard M. Nixon y John F. Kennedy, en 1960, televisados por primera vez y que dieron el triunfo al demócrata por su buena imagen. En cambio quienes escuchaban por radio dieron como triunfador al republicano Nixon. Al final, el carismático Kennedy fue electo presidente.

Años después, en una de sus formidables obras sobre política (Líderes, Edit. Planeta, 1983), Nixon  dijo que si en tiempos de Lincoln hubiera habido televisión, éste habría perdido, sin duda, dado que era feo y desgarbado. Recientemente, en Francia se dio otro sonado debate, gracias al cual cayó Nicolás Sarkozy y ascendió al poder el socialista Hollande. La confrontación dialéctica tiene su peso en política.

El prurito de los debates no podía pasarse por alto en Oaxaca, una de las entidades más politizadas del país y el pasado lunes, 28 de mayo, presenciamos un encuentro de cinco candidatos al senado de la república: por el PAN, Diódoro Carrasco Altamirano; del PRI, Eviel Pérez Magaña; de la Coalición Movimiento Progresista, Benjamín Robles Montoya; del Partido Verde, Joaquín Ruiz Salazar y del Partido Nueva Alianza (Panal), Irma Piñeyro Arias.

A pesar de no estar a la altura de los grandes debates, la presencia de esos aspirantes permitió ver las características personales de cada uno de ellos, no tanto las propuestas de partido (que todas parecen calcadas). Fue oportunidad para la exhibición de defectos, virtudes y actos de verdadero mimetismo, como el caso de Benjamín Robles Montoya quien supuso que debía imitar a Nelson Murat y se dedicó a arremeter especialmente contra Diódoro Carrasco, el más experimentado de los contendientes, sólo para “ir por lana y salir trasquilado” como cuando exhibió su recientemente obtenido título profesional, luego de habérsele demostrado que durante años se hacía llamar y firmaba como “licenciado”. Era de esperarse la andanada inicial de Robles, alguien le mal aconsejó aquello de que la mejor defensa es el ataque, pero más bien su intervención parecía salto de trampolín a alberca sin agua. Acusó a Diódoro de su pasado priista, pero no reparó que él se valió del PRI para  su ubicación en el bajo mundo de la política.

En el duelo Carrasco-Robles, subyace un asunto no menor: la amistad de ambos con el gobernador Gabino Cué y el conflicto de lealtades que sin duda debe padecer el ejecutivo estatal. Cué debe su carrera política y su ascenso a Diódoro; pero Robles es el adalid y campeón de Gabino; “Dirty Face” es también el operador  del juego sucio gubernamental. Algunos observadores esperaban que Robles fuera consecuente con el débito político de su patrón. Pero está visto que en política puede prevalecer la traición (o la confianza, según el cristal con que se mire).

Se esperaba ver cómo se desenvolvía el priista Eviel Pérez Magaña, derrotado en 2010 por Gabino Cué. Pero causó buena sorpresa que ya actúa de manera más sólida y madura. Seguramente, si el PRI se recompone en Oaxaca puede seguir siendo un activo para el futuro.

No se soslaya el ejercicio que hicieron Irma Piñeyro y Joaquín Ruiz. La primera con reconocido historial en política, sus habilidades en el oportunismo le han permitido brincar de partidos, de posiciones y por ahora es “cabeza de ratón” gracias a su relación con la maestra Elba Esther Gordillo. El representante del Partido Verde cumplió, sin mayores méritos que llenar el expediente requerido por “la joven democracia” y el Instituto Federal Electoral. Digamos que como práctica de civismo cumplieron con el cometido.

Debido a que el formato había permitido la incorporación de preguntas, la mayor parte de éstas se refería a acciones que debe emprender el Poder Ejecutivo, sin considerar (y sin saber) que los contrincantes en liza son prospectos para el Poder Legislativo. Esto deja ver  la ignorancia que en México subsiste sobre las labores de Estado y de gobierno. Tal pareciera que el público quiere ver en cada político un estadista, pero no es así. En el Legislativo debe darse un trabajo conjunto de creación de leyes, reglamentos y normas para la buena gobernabilidad. En el caso del Senado, en esa instancia originariamente se representa a las entidades que conforman la Federación y junto con la Cámara de Diputados se conforma el Congreso de la Unión.

Finalmente, los votantes oaxaqueños disponen de un amplió menú para satisfacer aspiraciones personales y de grupo. Esperemos prevalezca la sensatez a la hora de votar.⧫

                                         

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