Lunes, 20 de Mayo de 2013

Los restos de Don Porfirio

Mario DE VALDIVIA

 

Ha pasado el holgorio del 5 de Mayo, recuerdo de aquella famosa batalla que dio un reconocido triunfo a tropas mexicanas (en su mayoría batallones oaxaqueños, como se ha probado documentalmente), sobre una soberbia brigada francesa (que en honor a la verdad debe decirse que no era “todo el ejército más poderoso del mundo”; sino un contingente expedicionario de seis mil hombres. Pero para 1862, Prusia ya tenía un mejor ejército).

La historiografía sólo registra una versión completa de los acontecimientos anteriores y posteriores al gran hecho, en las Memorias y Archivo Personal del General Porfirio Díaz, que vivió muchos años para rendir testimonio de su presencia en todos los hechos y para destacar las figuras de sus colegas militares y soldados.

Si algo se sabe de las tácticas seguidas el 5 de mayo de 1862, es precisamente por esos documentos, que han servido para aclarar la verdad, pero también han servido para que los historiadores oficiales distorsionen ciertos datos y eventos, por ejemplo, que los verdaderos combatientes mexicanos eran indígenas zacapoaxtlas, cuando en realidad su compañía constaba de 26 hombres reclutados por leva un día antes, sin mayor conocimiento de armas o de organización. Lo cierto es que los zacapoaxtlas fueron usados más como mozos de acarreo de municiones, que como aguerridos combatientes.

Es entendible que después de la Revolución, los regímenes gobernantes en México dedicaron más de 80 años a denostar al General Porfirio Díaz y a restarle los méritos militares y políticos con los que contribuyó a la causa de la República, así como los laureles de sus espectaculares triunfos militares gracias a los cuales fue posible la derrota de franceses y conservadores durante el Segundo Imperio y la Intervención Francesa.

Ya casi no se divulga que cuando combatía en Oaxaca y Puebla a los invasores, capturó a un joven teniente francés, Gustave León Niox, a quien dio trato digno de prisionero de guerra, conforme a las leyes caballerescas que practicaba el General oaxaqueño. Regresado a su patria, Niox llegó a General del ejército francés y ya en el final de su carrera fue Gobernador del antiguo Hospital de los Inválidos, en París, donde se encuentra la tumba de Napoleón Bonaparte, bajo la cúpula del Domo.

Cuando Porfirio Díaz se exilió a París, al visitar el Museo de la Guerra (en Inválidos precisamente), el general Niox condujo al Héroe del 2 de Abril a la tumba de Napoleón  tomó la espada que éste uso en la famosa batalla de Austerlitz y la puso en manos de Don Porfirio, exclamando “nunca estuvo en mejores manos”.

Como también se sabe, el General Díaz fue recibido en su exilio, con honores militares y de Jefe de Estado, en la misma Francia, en España y en Inglaterra. Esas naciones reconocían la grandeza de un militar y un estadista que dedicó más de veinte años al campo de batalla y más de 30 a conducir la grandeza que México adquirió a finales del siglo XIX y principios del XX.

El general Porfirio Díaz está sepultado en el cementerio de Montparnasse, en París. Su tumba es objeto de visita, casi de peregrinación por mexicanos que viajan a la Ciudad Luz. Depositan flores, poemas y mensajes de reconocimiento y agradecimiento. No es un secreto que el pueblo de México, a escondidas, mantiene una gran veneración al viejo caudillo, pero la conducción política ha hecho que se vea “incorrecto” reconocer su grandeza. Los políticos saben que si regresan sus restos, el pueblo masivamente se volcaría a honrarlos.

Es tiempo de sacar la madurez política y de exhibir sin tapujos nuestra admiración por el Soldado de la Patria y de la República. El 2 de julio se cumplen 97 años de su muerte. Dentro de tres años, en 2015, puede darse  el momento para que vengan a reposar en la Basílica de Soledad, frente a donde fuera el viejo mesón que lo vio nacer. •e-mail: mdevaldivia@yahoo.com

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