Jueves, 23 de Mayo de 2013

Las dos batallas de Puebla

Mario DE VALDIVIA

Un abrazo a Augusto y Noy

Carballido, por esa pérdida

Se aproxima la celebración de la batalla del 5 de mayo de 1862, cuyo escenario fueran las proximidades de la Puebla de los Ángeles. El antecedente es poco citado en estas exaltaciones de patrioterismo. El presidente de México, Benito Juárez, se había rehusado a reconocer y pagar deuda pública a acreedores externos y había afectado patrimonialmente propiedades de extranjeros.

Francia, Inglaterra y España eran los países agraviados. Eran tres potencias coloniales que dejaron su huella cultural, religiosa y lingüística  en el continente americano. Buena parte de la deuda había sido contratada por gobiernos conservadores, lo cual daba a Juárez el pretexto ideal para no honrar compromisos de sus enemigos internos.

Poco se divulga que los tres países invasores sí ocuparon territorio nacional, en los estados de Veracruz y Puebla. Un acuerdo sensato entre las fuerzas expedicionarias inglesas y españolas (de ahí la honra al General Prim) evitó que se sumaran al empecinamiento galo de invasión y ocupación, por ello, las fuerzas de Napoleón Tercero, que no eran más que una brigada (alrededor de 6 mil efectivos principalmente de infantería), se asentaron en Paso del Toro y procedieron a marcha hacia México la capital, por el camino de Puebla.

Ahí se topó la brigada con el llamado Ejército de Oriente (que tampoco componía siguiera una división), comandado improvisadamente por Ignacio Zaragoza (de 33 años de edad), el cual tenía como lugartenientes a Porfirio Díaz (31 años y ya general de brigada); a Miguel Negrete (38 años) y Felipe Berriozábal (35 años). Fue sin duda, un encuentro recio y valiente, pero de ninguna manera una batalla decisiva.

Los contingentes de tropas mexicanas estaban compuestos por batallones de Oaxaca, San Luis Potosí, Estado de México y Veracruz. Es un mito atribuir el triunfo a indígenas de Zacapoaxtla, cuando éstos ni siguiera formaron una compañía y fueron ocupados más bien para el acarreo de pertrechos y municiones, pero no eran soldados ni fueron protagonistas.

El general Zaragoza, en su informe al Secretario de Guerra, señaló justamente a Porfirio Díaz y a miguel Negrete como los más destacados y que mostraron bravura en combate una vez que repelieron al cuerpo expedicionario francés.

Pero los historiadores oficialistas no reseñan jamás que los franceses, vencidos en ese encuentro sencillamente se replegaron y a los pocos días sitiaron Puebla y la tomaron. Tampoco dicen algunas verdades: el general Zaragoza murió durante el sitio, a causa del tifo que diezmaba a los mexicanos. Algo más: Zaragoza, en un telegrama de desesperación le dijo al presidente Juárez que le gustaría incendiar Puebla por la complicidad de su población con los franceses.  Esa es la “heroica” Puebla que tanto se nos narra. Se oculta que fueron cuatro años de ocupación de esa ciudad por los franceses y los conservadores.

Se trata de esconder otra gran verdad: que fue Porfirio Díaz, el 2 de abril de 1867 (ya general de división y comandante del Ejército de Oriente), quien recuperó Puebla, en una estratégica batalla que anticipaba el fin de la ocupación. Esta, la del 2 de Abril, sí fue una batalla decisiva. La mezquindad política se ha encargado de desplazar.

Hay algo peor: los estadounidenses se atribuyen el haber presionado a Napoleón Tercero para la salida de sus tropas. Eso es falso: se avecinaba la guerra franco-prusiana y Francia requería de sus tropas. Por  ignorancia, en Estados Unidos se piensa que el 5 de mayo celebramos la Independencia de México. Nuestros vecinos sí ayudaron a Juárez e intervinieron abiertamente en la Guerra de Reforma. Hay mucho que revisar y seguiremos.•E-mail: mdevaldivia@yahoo.com

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