
El hígado, para realizar sus múltiples funciones, requiere de una gran red vascular, su circulación es de extrema importancia, motivo por el cual, la fibrosis en él, deteriora la circulación que retorna al corazón, ocasionando así, el resto de las complicaciones generadoras de incapacidad que conllevan a la muerte del individuo quien padece Cirrosis.
Las consecuencias de la Cirrosis Hepática sobre la salud del individuo, dependen fundamentalmente del grado de funcionalidad que el hígado pueda conservar en el momento del diagnóstico, a pesar de la alteración histológica (celular) que se determine.
Luego entonces, ¿Qué es la Cirrosis Hepática?: la Cirrosis se conoce como la formación anómala de fibrosis o cicatrices en los hepatocitos (células que constituyen el tejido hepático), es la secuela de un daño crónico y degenerativo de otras causas, las cuales se acumulan durante varios años, como consecuencia de factores externos habitualmente.
La Cirrosis Hepática se caracteriza por cambios del mismo tejido, que interfiere con la estructura y el funcionamiento normal de la glándula hepática, estos cambios ocasionan diversas y graves consecuencias para el funcionamiento normal del resto del organismo, debido a la importancia y función del órgano, dentro de los más importantes, el metabolismo de cada una de las sustancias y/o alimentos ingeridos por vía oral.
A medida que la función del hígado se deteriora, se presentan complicaciones, como preámbulo para la severidad de la enfermedad.
Con el paso del tiempo, la disfunción del hígado para filtrar la sangre y mantener un equilibrio interno (homeostasis) genera una deficiencia en el intercambio de presión a nivel capilar, causando la extravasación de proteínas y como consecuencia, la presencia de líquido desde los tobillos hasta la cara (signo de Godet: edema de miembros inferiores y anasarca respectivamente) así como también su acumulación en abdomen conocida como ascitis que, de complicarse es capaz de ocasionar peritonitis (inflamación del peritoneo) bacteriana.
La cirrosis enlentece la capacidad del hígado de filtrar medicamentos de la sangre, cuando ocurre, los medicamentos actúan por más tiempo de lo normal y se acumulan en el organismo provocando la presencia de efectos colaterales como efectos adversos.
Otra complicación es la deficiencia en la síntesis de los factores de la coagulación, fomentada por el hígado, de manera que, ante los trastornos de la coagulación del coagulo aparecen hemorragias y hematomas evidentes.
La cirrosis puede causar disfunción del sistema inmunitario, lo que provoca riesgo de infección. La cirrosis también puede causar insuficiencia renal y pulmonar, conocidas como síndrome hepatorrenal (afección de hígado y riñoes) y síndrome hepatopulmonar (afectación de hígado y pulmones).
Normalmente, la sangre circula desde los intestinos y el bazo hacia el hígado a través de la vena porta, sólo que, la hepatopatía cirrótica en el parénquima deteriora y retarda la circulación normal de la sangre, lo que ocasiona un aumento gradual en la presión de la vena porta (hipertensión portal) y como consecuencia la obligada circulación alterna afectando a los órganos adyacentes.
Cuando se presenta la hipertensión portal, con frecuencia el bazo se agranda (esplenomegalia) reteniendo glóbulos blancos y plaquetas, disminuyendo el número de estas células en la sangre; su baja cantidad puede ser la primera prueba clínica (compatible con la clínica) de que una persona padece cirrosis.
La hipertensión portal como tal, provoca vasos sanguíneos agrandados en el esófago (várices) o en el estómago fomentando una gastropatía; los vasos sanguíneos ingurgitados tienen más probabilidades de roturarse debido a sus paredes delgadas y al aumento consiguiente de la presión. En caso de su rotura, existe una hemorragia grave en el esófago o en la parte superior del estómago, lo cual requerirá atención médica inmediata, de lo contrario puede ocasionar la muerte de la persona afectada.
Si el hígado falla, no puede eliminar toxinas de la sangre y finalmente éstas se acumulan en el cerebro. La acumulación de toxinas en el cerebro, llamada encefalopatía hepática, puede provocar una disminución del funcionamiento mental y estado de coma. Los signos de disminución del funcionamiento mental incluyen confusión, cambios de personalidad, pérdida de la memoria, problemas de concentración y cambio en los hábitos de sueño.
Por otra parte, el tratamiento de la Medicina Integrada en la enfermedad hepática depende de la causa de la enfermedad y si hay complicaciones presentes; aspectos que se mencionaran el próximo domingo en esta sección.
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Dr. Caballero Hdez. Jorge Enrique
Especialista de Medicina Integrada
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