
Desde luego, la cuaresma es uno de los períodos de guardar que establece la Iglesia para delimitar varios puntos en el calendario religioso: primero que nada, comienza con el Miércoles de Ceniza, que es un intento por sacudirse los excesos profanos cometido en el Carnaval (adiós a la carne humana); segundo, simbolizar los 40 días que Jesús pasó en el desierto, en ayunas y resistiendo a las tentaciones del “amo de este mundo”, el diablo, por eso hay días de vigilia, de abstinencia de carne (humana) y ayunos; tercero, al finalizar ese largo período de cuarenta días con sus respectivas noches, inicia la conmemoración de la Pasión de Cristo, con el Viernes de Dolores, el Domingo de Ramos, y los días Santos, el Viernes en especial con la crucifixión y que rematan con la Pascua de Resurrección.
Luego vendrán las consecuentes festividades como la Trinidad, Corpus Christi y Pentecostés, que ya casi no se festejan pero que están en el calendario litúrgico y fueron motivo de respeto, de recato y de devoción por la ya olvidada costumbre de regirnos por las festividades eclesiásticas.
Si en lo religioso poco ocurre ya, en esta cuaresma de 2010, están sucediendo tremendos sucesos en lo político: se firman alianzas (que como las bodas gay pueden ser estériles), se descubren pactos secretos para no hacer alianzas, se destapan cloacas en Oaxaca del sexenio fatal (el del Talibán Jeromeño) con sus funcionarios corruptos y arranca el rally por la gobernación del estado, etapa falaz en la que se verterán miles de millones de pesos a la basura, producto de la terrible propagando política que atosigará durante meses a la ciudadanía.
Uno de los candidatos, el de la alianza, que quiere ganarse la confianza ciudadana, se deja ver con el “Demonio de Tasmania”, con el “hombre de las ligas” y con el jefe de éste, el Peje tropical “legítimo”. Esos son, don Gabino, besos del diablo; ósculos con los peores enemigos de la ciudadanía y en su aritmética sólo se vislumbra la operación de resta. Tal vez el último dislate de César Nava al descubrirse lo que todos ya suponían, ocasione una fractura en la alianza y que el votante vea por fin que el partido blanquiazul realiza prácticas aborrecibles, como los partidos a los que critica y con los que se une.
El “otro” candidato, el del oficialismo, ha de cargar con el torrente de acusaciones contra el sexenio del Atila de Ixtepec y, peor aún, lo que le toca de salpicada de excremento a la administración de Ulises Ruiz.
Las cosas se ponen difíciles y quizás al terminar la cuaresma, el calor en el horno de los bollos políticos llegue a punto de explosión y tateme a los presuntos aspirantes, de manera que habrá que hacer un recuento de daños para que el único perjudicado sea nuevamente el pueblo de Oaxaca, como ya recurrentemente sucede.
La fuerza de un periódico de la ciudad de México, está haciendo estragos en la imagen del gobierno actual. Se dice que precisamente la oficina de información de ese diario, es alimentada por un cerillo oaxaqueño (por la cabeza roja), que enciende la mecha para una fuerte combustión política. Tal vez sea cierto, como el refrán: “para que la cuña apriete ha de ser del mismo palo”. O como cuando se dice que el “enemigo está en casa” y no lo vemos, pero que subrepticiamente actúa, como invisible plaga destructora, como el ángel exterminador ¿Qué nos quedará de la clase política?
En fin, más allá del surrealismo, la cuaresma es calurosa e inquietante, Oaxaca puede vivir sus últimos días de priismo o bien, puede mandar al traste con las aspiraciones del divisionismo. Pero el que muera esta vez, no podrá resucitar.